domingo, 17 de marzo de 2013

Una tormenta, un sueño

Aquella noche, tan pronto toqué la almohada, me quedé dormido.
Supongo que el largo viaje y el hecho de que me pasé toda la tarde conversando con mis parientes me dejaron exhausto.

No sé si lo que percibí en el frío aire de aquella noche fue lo que causó esta tensión. Cosas muy extrañas ocurrieron. Tuve un sueño bastante inusual.
Soñé que yo huía de mi hogar. Huía del ruido, pero también del silencio. Huía del tráfico. Corría hacia el bosque. Corría bajo la noche y bajo la lluvia. El agua golpeaba con fuerza sobre mi cabeza. Las gotas escurrían sin cesar sobre mi arrugada piel. El lodo entorpecía mis pies descalzos. Pero yo seguía corriendo. Corrí hacia las colinas. Corrí hasta el cementerio y me detuve. Mientras la lluvia caía cada vez más fuerte, tomé un profundo respiro. De pronto, mientras permanecía estático frente al cementerio, pensé en la muerte y sentí su presencia. Entonces comencé a correr otra vez. Corrí entre las colinas. Corrí hasta el lago. Ahí, el panorama era fantástico. Millones de gotas chocaban contra el agua del lago. El sonido ensordecedor me estremecía, pero dulcemente. Parecía que no había más camino que seguir. Probé la lluvia. Probé mis lágrimas. Probé mis miedos. Y la tierra abrió un nuevo camino ante mis pies. Apareció sobre el lago una radiante silueta femenina que caminó hacia mí, cegándome. No pude ver su rostro. Solo escuché lo que me dijo.
     —Pon tu cabeza en mi hombro. Las cosas ya no pueden empeorar más. La noche se vuelve fría. Nademos en el lago. Deja que el agua limpie tus penas para que puedas comenzar de nuevo. No puedes cargar más esas penas sobre tu espalda. Crucemos al otro lado—me dijo con una melodiosa voz.
Desperté del extraño sueño y escuché relámpagos. Mi tío y sus hijas estaban muy nerviosos. El agua comenzó a entrar a la casa. Tuvimos que subir a la azotea. Ellos nunca habían presenciado una tormenta tan devastadora. Desde arriba vimos cómo la corriente arrasó con todo lo que aquella pobre gente tuvo: ganado, cosechas, el suelo mismo. Todo quedó devastado. Lo único que se mantuvo en pie fue la casita de mis parientes, pero su alegría y sus ánimos también se fueron con la tormenta.
Esa noche fue muy caótica. Vi cómo la vida dio un giro repentino.

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